
En Navidad, cuando nos sentamos en la mesa siempre hay un recuerdo para los que ya no están, el deseo al levantar la copa es que los que te acompañan en este día sigan haciéndolo un año tras otro.
Si bien es cierto que la vida a veces puede arrancarte lo que mas quieres y te puede dar un vuelco y castigarte con una muerte inesperada de alguien joven, alguien lleno de ilusiones, de sueños y proyectos de futuro, nunca esperas que ese alguien pueda dejar de estar porque algún malnacido, algún desquiciado con un pretexto tan cobarde como un nacionalismo sin sentido, acabe con su vida.
¿Alguien sabe si los terroristas celebran la Navidad?.
Quienes seguro que no la celebran son las familias de sus victimas, aquellos que en su última comida de Navidad nunca pensaron que en la siguiente alguien que estaba en su mesa nunca volvería a compartir sonrisas y brindis de felicidad con ellos.
Este año ansiolíticos mezclados entre lágrimas de rabia, de dolor e impotencia, ¿feliz navidad? Me pregunto si alguna vez volverá a existir la Navidad para ellos.
Hoy Monseñor Uriarte Obispo de San Sebastian en su homilía recordaba "¿Cómo olvidar a las centenares de familias guipuzcoanas que echan especialmente de menos a un miembro en prisión y a las que un nudo en la garganta les ha impedido cantar en la mesa navideña el Aitor, Aitor, mutil etxera"?.
¡Vaya por dios!.
Montse Rojas

2 comentarios:
Hola, Montse
Quiero manifestar mi apoyo personal a todos aquellos que hoy sufren la ausencia de un familiar y, muy especialmente, a los que lo han perdido por el fanatismo asesino, como en el caso de los dos agentes de la Guardia Civil de hace pocos días.
Lo que a mi no me produce extrañeza es la postura de Monseñor Uriarte, capaz de entender i solidarizarse con el dolor de las familias de los que tienen alguien en prisión y no se compadece de aquellos que sufren por una muerte, no ya injusta, sino fruto del odio y de la miseria moral y una ausencia total de valores. Esa miseria moral es la que con su silencio cómplice se traslada al propio obispo del que ya no cabe esperar nada que tenga que ver con la doctrina cristiana, con el catecismo más básico. Si esta iglesia española tiene todavía algo de pueblo de Dios, si quiere alguna vez conectar con la gente, si quiere de verdad hacer iglesia, tiene que dar no un cachete, sino un coscorrón a Monseñor Uriarte, emulando el gesto de Juan Pablo II con Leonardo Boff. Aquel gesto parece una desmesura comparado con la ausencia del gesto en este caso. Espero que Monseñor Uriarte encuentre algún día la compasión que el ofrece a los familiares de terroristas y niega a las víctimas de los terroristas mismos.
Espero que su corazón elimine las etiquetas políticas y se abra a todos los fieles. Si los santos i eclesiásticos han de servir de modelo a los cristianos, este obispo continúa siendo un mal ejemplo de iglesia cristiana.
Con algunas sedes episcopales no hay suerte. Al obispo de S. Sebastián, monseñor Uriarte, se le da muy bien la equidistancia entre los asesinados y los asesinos. Algo hemos ganado respecto del anterior, que dicen que se cruzaba de acera y no recibía a los familiares. ¿Hace falta decir de quienes?
El arzobispo de Barcelona ha dicho recientemente que el catolicismo es compatible con el nacionalismo. Creo que le entendemos lo que quiere decir, pero la expresión es de aúpa. Lo que no le preguntó el periodista es si el catolicismo también era compatible con el fascismo. ¿Y con el narcotráfico? Supongo que también hay fascistas que van a misa y capos de la droga que regalan lujosos mantos bordados a la patrona de su pueblo. Todos compatibles.
Que Dios me perdone, que del perdón de estos curas no me fiaría, pero encuentro un residuo de paganismo ancestral en estas fijaciones nacionalistas, algo verdaderamente muy poco católico, nada universal y que es más propio de las teocracias que no distinguen a Dios del César. Concretamente, Uriarte en su homilía navideña ha lamentado que algunos vascos no puedan cantar villancicos que hablan de Aitor, que es también el nombre del mítico dios de los vascos primigenios, ¡qué casualidad, vaya por Dios!
A ver si me acuerdo de rezar a Oriana Fallaci, la atea cristiana, por la conversión de monseñor. Al Islam.
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